Estabamos hablando y la llamada se cortó. Intenté llamar de nuevo para descubrir que me había quedado sin saldo. Esperé que me llamases de vuelta... la última vez que pasó algo así, me llamaste de vuelta para despedirte. Fué un gesto tan lindo de tu parte; Asi que esperé... y esperé... me llevé el celular al trabajo con la esperanza de que me llamáses, o al menos me mandáses un mensaje.
Esperé... esperé... y perdí las esperanzas "quizás ella tambíen se quedó sin saldo" pensé.
Como es mi costumbre apagué el celular y lo guardé en mi bolso, el cuál dejé dentro de mi casillero.
Al rato después alguien en el trabajo dijo que un celular estaba sonando. Sonreí involuntariamente e inmediatamente pensé en tí. "Debe ser ella" pensé con alegría. Me acerqué al casillero para descubrir que no sonaba ningún celular; "Quizás me mandó un mensaje" deduje. Busqué entre mis cosas ansioso de leer tu mensaje, mientras buscaba pensaba en lo que podría decir "Te extraño... Te amo... Quiero verte..." esas palabras que tanto me animan hasta en los peores de mis días.
Finalmente lo encontré, emocionado, presioné las teclas. Pero el celular no reaccionaba. Y entonces recordé... Que lo había apagado. Al prenderlo, vi que no habían llamadas perdidas, ni mensajes; y sentí unas enormes ganas de llorar.
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